Título original: Jézabel
Traducción: José Antonio Soriano Marco
Ilustración de la cubierta: Myles Wickham/Trevillion Images
192 páginas
Tapa blanda: 15,00 €
ISBN: 978-84-9838-422-2
1ª edición, abril de 2012
Según la Biblia, Jezabel fue la encarnación misma del mal, el arquetipo de la mujer liviana y ambiciosa que, movida por sus propios intereses, causa la perdición de todo aquel que cae en sus redes. De ese mito toma el nombre esta novela de Irène Némirovsky (Kiev, 11 de febrero de 1903 - campo de concentración de Auschwitz, 17 de agosto de 1942) en el que la protagonista, Gladys Eysenach, es sometida a un juicio por el asesinato de su presunto amante -un joven estudiante de apenas veinte años-, que levanta una enorme expectación en París.
La acusada, una mujer madura que se conserva excepcionalmente bella, pertenece a esa alta sociedad apátrida que recorre Europa de fiesta en fiesta. Envidiada por las mujeres y deseada por los hombres, Gladys ve cómo su vida se airea impúdicamente frente al juez. Pero ¿por qué la acusada insiste en mostrarse culpable y exigir para sí misma un castigo ejemplar?
Con una escritura ligera e incisiva y una intensidad dramática que mantiene el suspense hasta el final, Némirovsky explora en Jezabel la obsesión morbosa con la belleza y el poder embriagador que otorga la seducción, y demuestra, una vez más, su extraordinaria capacidad para explorar los recovecos de la psicología humana.
¿Puede entenderse esta novela como una venganza hacia su madre? En el prólogo de Myriam
Anissimov a Suite francesa, leemos que la madre de Irène Némirovsky, Fanny Némirovsky (Odessa, 1887-París, 1989), "experimentaba una especie de
aversión hacia su hija, que jamás recibió de ella el menor gesto de amor. Se
pasaba las horas frente al espejo acechando la aparición de arrugas,
maquillándose, recibiendo masajes, y el resto del tiempo fuera de casa, en
busca de aventuras extraconyugales. Muy envanecida de su belleza, veía con
horror cómo sus rasgos se marchitaban y la convertían en una mujer que pronto
tendría que recurrir a gigolós. No obstante, para demostrarse que todavía era
joven se negó a ver en Irène, ya adolescente, otra cosa que una niña, y durante
mucho tiempo la obligó a vestirse y peinarse como una pequeña colegiala. Irène, abandonada a su suerte durante las vacaciones de su aya, se
refugió en la lectura, empezó a escribir y resistió la desesperación
desarrollando a su vez un odio feroz contra su madre. Esta violencia, las
relaciones contra natura entre madre e hija, ocupa un lugar capital en su obra."
Jezabel se lee de un tirón, atraídos por la escritura exquisita de Némirovsky que en cada página mantiene la intriga por saber quién era el joven asesinado. ¿Un amante despechado? ¿Un delincuente de poca monta? ¿El testigo incómodo de un secreto inconfesable? ¿Se trata de un crimen pasional o de una fría ejecución? Un folletín, sí. Pero un folletín muy bien escrito.
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| Irène Némirovsky |
Jezabel se lee de un tirón, atraídos por la escritura exquisita de Némirovsky que en cada página mantiene la intriga por saber quién era el joven asesinado. ¿Un amante despechado? ¿Un delincuente de poca monta? ¿El testigo incómodo de un secreto inconfesable? ¿Se trata de un crimen pasional o de una fría ejecución? Un folletín, sí. Pero un folletín muy bien escrito.
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