Nadie puede negar la importancia que actualmente tiene la
cubierta de un libro. Las editoriales se esmeran cada vez más en hacer portadas
que simbolicen o sinteticen el contenido de la obra y la haga atractiva a
primera vista. Tal vez haya contribuido a ello la gran cantidad de libros que
se publican cada año y que se exponen en las librerías o en los lineales de los
hipermercados.Vivimos en la era de la imagen y del consumo, y del mismo modo que preferimos comprar tomates bonitos a tomates feos de aspecto, o se cuida tanto la presentación de los platos en los restaurantes con pretensiones, las editoriales (que a fin de cuentas lo que pretenden es vender libros) echan el resto en la imagen que va a entrar por nuestros ojos a primera vista.
Porque
lo que pretenden es que esa portada nos anime a coger el libro entre nuestras
manos, le demos la vuelta y leamos el breve –y siempre atractivo– resumen de su
contenido. ¿Acercamos a nuestra nariz un melocotón picado? Buscaremos el que tiene una piel inmaculada y un color perfecto. Si su aroma nos
gusta, es muy probable que lo adquiramos.![]() |
| Cubiertas de la novela Cold Confort Farm |
Comparemos estas tres imágenes de la novela Cold Comfort Farm,
escrita por Stella Gibbons en 1932. La de la izquierda es de una de las primeras
ediciones; la del centro es de 1996. Y fijémonos cómo la edición española de 2012
(La hija de Robert Poste) no nos dice absolutamente nada acerca de su contenido, pero puede resultar
mucho más atractiva en la actualidad.
No solamente la época en que está publicada la novela
determinará la imagen de su portada. También el público al que va dirigida.
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| Cubiertas de la misma novela en las ediciones en ingés y en español |
¿Atraería al lector español la cubierta de la edición inglesa
de Gillespie and I, de Jane Harris? Sin duda, es
mucho más atractiva la versión española (La verdad de la señorita Harriet). Y más eficaz, pues pretende alcanzar a
un público más diverso tanto en sexo como en gustos o en edad. Y lo consigue.
Sin ninguna
referencia sobre el contenido de la novela, estoy seguro de que yo jamás habría
cogido del estante de la librería el libro con la imagen de la versión
original.
Podemos comer solo con el paladar. Pero ahora más que nunca se come también con los ojos. Qué difícil nos resulta degustar un plato mal presentado. Y eso aún sabiendo que su sabor, una vez probado, puede no corresponderse con las expectativas que su imagen nos había creado.
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| Dos presentaciones distintas de la misma ensalada |



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